sábado, 29 de mayo de 2010

Reflexiones en el domingo de la Trinidad.

DIOS TRINIDAD - DI@S DIVERSIDAD

“Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros” (Jn. 16,12-15 – Versión Biblia de Jerusalén).


Las comunidades cristianas celebramos hoy el Misterio Divino en sí mismo. Ese misterio que a lo largo de la historia judeo cristiana fue tomando diversos nombres. Para Israel en distintos tiempo fue El Saday, Adonay, Eloím, Yavé. Para Jesús fue: Abbá-Padre y así lo enseñó a su comunidad. Finalmente para el cristianismo es la Trinidad, un solo Dios y tres personas divinas.

Cada época y cada cultura, intentó dar respuestas a este Misterio Indecible al que llamamos Dios, del que casi nada sabemos y casi nada podemos decir, excepto que es Amor (1Jn.4,8).

En la Trinidad, se nos comunica la Diversidad Divina de la que la humanidad es imagen (Gn. 1,27). Ella es modelo de equidad y solidaridad para las relaciones sociales y culturales. La Trinidad desafía a las comunidades cristianas a vivir, hacia dentro y hacia fuera, relaciones inclusivas y de amor recíproco.

Buena semana.

PENTECOSTES 2010.-

   

El domingo de Pentecostés, luego de la celebración compartimos la merienda. Fue una tarde de encuentro comunitario y de gratitud a Dios.

domingo, 23 de mayo de 2010

Pentecostés, una lectura desde la Biblia Queer.

PENTECOSTÉS



Thomas Bohache (The Queer Bible Commentary. Deryn Guest, Robert E. Goss, Mona West, Thomas Bohache, editores. Londres: SCM Press, 2006).

Hechos, como una continuación de lo que su autor comenzara en Lucas, tiene mucho que decir a los lectores queer, pero debemos colocarnos audazmente en la historia. No podemos acercarnos a esta Escritura con la actitud que llevamos algunos de nosotros en el sentido de que deberíamos aceptar cualquier migaja de tolerancia que las iglesias Cristianas ponen en nuestro camino en el disfraz de “tolerancia”. Por el contrario: se puede leer los Evangelios con el sentido de inclusión, a través de la misma persona de Jesús, sus palabras y acciones, y podríamos ignorar las Epístolas que contienen menos – que – afirmativas páginas, porque, después de todo, son solo opiniones de su autor. Cuando nos referimos a los Hechos, sin embargo, estamos tratando con un registro de los comienzos de la misma Iglesia Cristiana, que estamos tratando de imitar en el mundo de hoy. En consecuencia, en este libro de la Escritura, debemos localizarnos si queremos seguir siendo cristianos.

Jesús fue el personaje principal del Evangelio de Lucas; se retrata allí como un judío leal, que trata de montar un movimiento de restauración en el templo de Jerusalén, primaria manifestación de la alianza de Dios con Israel. Sin embargo, en el tiempo en que los dos volúmenes (Lucas y Hechos) fueron escritos, los romanos ya habían destruido el templo. En su lugar, Lucas estaba siendo testigo de la incipiente Iglesia Cristiana, que se extendía fuera de Jerusalén, a medida que los seguidores de Jesús lo proclamaban como la continuación de la historia de la salvación. Para la época en que se abre Hechos, la tarea de Jesús está cumplida y Él ha dejado de funcionar como un personaje, excepto en los recuerdos; la misión de “El Camino (9,2) es responsabilidad de sus seguidores, bajo el poder y la dirección del Espíritu Santo. Si uno adhiere al sistema Trinitario, puede ver un proceso que se va desarrollando en los diálogos divinos con la humanidad. La Biblia Hebrea nos habla de la creación y la alianza de Dios la Fuente, los Evangelios detallan la vida, muerte y resurrección de Jesús como representación de Dios el Salvador, y los Hechos y las Epístolas describen cómo los primeros cristianos son empoderados por el Espíritu Santo como Sostenedor.

Mi primera garantía para cualquier visión “queer” de la Escritura, se apoya en mi comprensión del Espíritu. Este es la verdadera esencia de Dios que está siempre presente: está sobre las aguas en la creación (Génesis 1,1), fue soplado en los humanos (Génesis 2,7), inspiró a los gobernantes y profetas, tanto hombres como mujeres (libros históricos y proféticos), descendió en una forma especial sobre Jesús de Nazaret (Marcos 1,10), fue soplado sobre los discípulos cuando el Resucitado les deseó la paz (“shalom”, en Juan 20,22) y en la historia de Pentecostés, dinámicamente se instaló e hizo residencia en los primeros cristianos, para guiar su destino. Si vamos a ser cristianos que creemos en la validez del Espíritu de Cristo en este mundo de hoy y que somos una parte de la comunión de los santos que han pasado antes que nosotros, las personas “queer” debemos vernos a nosotros mismos en los Hechos de los Apóstoles – sin duda, debemos reclamar el manto etimológico de “apóstoles”, como aquellos que son enviados a compartir las Buenas Nuevas. Así, leo la historia de Pentecostés en Hechos 21, 21, como una demostración de la divina hospitalidad e inclusividad en la primera Cristiandad.

Jesús aseguró a sus discípulos que les enviaría el Espíritu Santo, a través de él serían capaces de hacer cosas aún más grandes que Él. En el Evangelio de Juan, este Espíritu se sopla sobre los discípulos, mientras ellos están encerrados en un cuarto, por miedo (Juan 20,22) Ellos reciben este Espíritu Santo, pero Juan no da el paso siguiente y explica cómo este Espíritu les da poder a los primeros cristianos, poder para la acción. El libro de Hechos, sin embargo, es un libro de acción, de actividad misionera y, sobre todo, de comunidad; así, en relato tras relato encontramos a los primeros creyentes siendo testigos comunitariamente del Cristo Resucitado y del Espíritu que se les ha entregado a ellos, como grupo. El mensaje importante que obtenemos de Hechos es que los cristianos solo pueden ser tales en comunidad, que solo haremos una diferencia en el mundo, compartiendo nuestros bienes en común y en un espíritu de unidad (4,34-5) Desgraciadamente, los poderes del imperio disminuyeron esta sensibilidad comunitaria, casi socialista, pues los últimos libros del Nuevo Testamento y otros documentos de la iglesia, buscaron dar a la naciente una conformidad y una asimilación al imperio romano. Es aquí que los lectores “queer” pueden aprender de Hechos: podemos resistir a aquellos que querrán asimilarnos al imperio de la norma heterosexual y darnos cuenta de nuestro ser único, nuestro ser “queer” y nuestra diferencia, que nos hacen seguidores especiales de Cristo, en un mundo hostil y cruel.

En este aspecto, la historia de Pentecostés es paradigmática, pues muestra a los creyentes unidos en un lugar, recibiendo al Espíritu Santo como grupo, y sin embargo manifestando a ese mismo Espíritu en diferentes y diversas formas, con el fin de avanzar en el Dios uno, el unificado Reino de inclusión y el amor incondicional. Mientras los discípulos en el relato de Juan fueron capaces de guardarlo para sí, los reunidos en el día de Pentecostés no hicieron lo mismo; por el contrario, fueron guiados a las calles de Jerusalén, proclamando las acciones poderosas de Dios a todos los que encontraban (2.4) Como había muchos peregrinos en la ciudad, de diversas nacionalidades y lenguas, la estrategia del Espíritu fue permitir que cada persona oyera las Buenas Nuevas en su propia lengua – o, quizás, más precisamente, como necesitaban oírla. Esta es la forma en que la historia de Pentecostés se hace “queer”; testimonia que el mensaje inclusivo de Dios y su totalidad se oirá en diversas formas a través de diferentes mensajeros; es una verdad que puede ser compartida en muchas formas diferentes, de acuerdo con las necesidades individuales del que la oye.

Así, la diversidad en la comunidad GLTTB refleja al mismo Espíritu de Dios. Como parte de nuestro legado Cristiano, se nos ha confiado y dado poder para llevar las Buenas Nuevas del amor de Dios y del poder liberador de Cristo a todos los rincones de nuestro mundo, a través de diferentes escenarios, en varios trajes, y con múltiples propuestas. De acuerdo con esto, el Espíritu se oye entre ciudadanos gays ancianos, que eligen vivir juntos en una comunidad de retiro. El Espíritu se ve cuando jóvenes gays transgreden los límites del género y la sexualidad y rehusan ser categorizados. El Espíritu se describe en la lengua del cuero, en la hilaridad de los espectáculos “drag”, y en la solemnidad de las bodas homosexuales. Las personas “queer” individual y colectivamente abren sus bocas y proclaman la verdad espiritual “como el Espíritu les ha dado habilidad” en cualquier lugar en que se encuentren – bar, casa de baños, espacio femenino, grupo de step, sinagoga, iglesia, mezquita, club de sexo, rodeo, grupo de lectura, café, universidad o colegio. Y nuestra garantía para hacer esto, es la explicación que hace Pedro del fenómeno de Pentecostés, como el cumplimiento de las promesas hechas por Dios a través del profeta Joel:

“En los últimos días, declara el Señor, yo derramaré mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos e hijas profetizarán; y vuestro jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán. Incluso sobre mis esclavos, hombres y mujeres, en aquellos días enviaré mi Espíritu; y ellos profetizarán” (2,17-18, parafraseando a Joel 2,28-32).

Dios no declara aquí que solo alguna carne – carne hetero o monógama o célibe o “decente”, aceptable – recibirá el Espíritu. Dios dice “toda carne”; esto significa carne, sea gay, lesbiana, bisexual, heterosexual, transgénero, todosexual, asexual, diferente sexualmente, conservadora y progresista, monógama y soltera y perversa de cualquier forma – cada uno encontraremos lo divino en nuestras circunstancias y oyendo al Espíritu en nuestro propia lengua, llevándonos al Reino inclusivo de Dios, a través de Cristo. Tampoco declara Dios que el Espíritu solo se manifestará entre hombres ricos y blancos, en posiciones de poder. Por el contrario, la afirmación de Dios es muy específica en el sentido de que el Espíritu será enviado sobre hombres y mujeres, hijos e hijas, esclavos masculinos y esclavas femeninas, jóvenes y viejos, personas que sueñan y tienen visiones, profetizando acerca de la presencia divina en el mundo. Los primeros discípulos ministraron en múltiples lenguas a gentes de muchas naciones, de diferentes colores, que practicaban diferentes religiones. Sin embargo, juntos, sintieron la presencia de Dios y su poder, y el Espíritu les confirió sin distinción la posibilidad de glorificar a Dios en su misma diversidad. ¿Podemos nosotros hacer menos en el mundo de hoy?

Quizás hoy en día el Movimiento Queer es el nuevo Pentecostés. Quizás la sociedad contemporánea y sus guerras culturales y sexuales los intentos de Dios para “tener una palabra”, de modo que la raza humana pueda prosperar y sobrevivir más allá de las restricciones estrechas de los fundamentalismos corrientes. Quizás las personas queer de fe, puedan estar en frente de un nuevo entendimiento en cuánto a cómo obra lo divino. Sin duda, las personas nos despreciarán, como lo hicieron con los primeros discípulos (2,13), acusándonos de estar ebrios o locos, poseídos por el demonio o adictos al sexo, pero la oportunidad está ante nosotros para cambiar el mundo con nuestro testimonio, con nuestro ejemplo y con nuestro abrazo por el Espíritu.

Una forma poderosa de lograr esta forma de testimonio es a través del medio de “contar la historia sexual”, lo que requiere una gran audacia para compartir nuestras intimidades – que son, de hecho, intimidades sexuales – de modo que otros puedan tocar el rostro de Dios. Yo estoy de acuerdo con la teóloga queer Marcella Althaus-Reid: es esencial que las minorías sexuales den la gracia al mundo de conocer las historias sexuales, pues solo podemos abrazar la totalidad de la “shalom” de Dios si no estamos en contacto con nuestra intimidad auténtica, sino también arriesgamos a compartirla. Esto es lo que significa hablar a los demás “en su propia lengua”; a menudo, la lengua de la historia sexual es capaz de “penetrar”, en formas en que no puede hacerlo la evangelización tradicional.

Así, Althaus-Reid nos recuerda: “¿Por qué hacer una teología de las historias sexuales? ¿No es algo demasiado particular, o demasiado referido al “reino privado” de una persona? La respuesta es No, porque la sexualidad no se queda en casa, o en el dormitorio de un amigo, sino que permea nuestra vida económica, política y social… Sin una teología de las historias sexuales, el último momento del círculo hermenéutico, o sea, el momento de apropiación y acción, tendrá siempre un abordaje parcial y superficial a la resolución del conflicto… Ese es el punto de contar las historias sexuales: son siempre tentativas, no terminadas, como lo es el Jesús sexual. Ellas abren nuestros ojos a diferentes estrategias de redes y también a fuentes de empoderamiento” (Althaus-Reid, 2001: 130-1).

De la misma manera, los viajes de fe de la comunidad GLTTB no son meras “adendas” en la historia del Cristianismo, sino que pueden y deben ser contados como Hechos de los Apóstoles del momento actual.

Más aún, al tomar el riesgo de compartir nuestros yos sexuales con los demás, no estamos siendo inadecuados o voyeuristas; más bien, estamos removiendo la “suciedad” de lo erótico y lo sexual, que la erotofobia cristiana ha instalado en los siglos. De esta manera, una sexualidad sana compartida abiertamente y honestamente, deja de ser un pequeño secreto sucio y en su lugar, muestra como en espejo el gozo de Dios en todos los aspectos de su creación. Así, el teólogo gay Robert Simpson ha afirmado, el contar las historias sexuales no es solo bueno para la teología, sino también para el cuidado pastoral en nuestras iglesias:

“En otras palabras, sin el reconocimiento de la correlación entre las historias sexuales y el desarrollo de formas apropiadas de acción pastoral, la práctica pastoral de la Iglesia a menudo fallará, no podrá ser un apoyo efectivo en el abordaje de las necesidades reales… Compartir los detalles personales favorece el crecimiento de la intimidad, desarrolla un sentido de confianza y conduce a conversaciones profundas acerca de la variedad de sujetos, incluyendo experiencias de discriminación, enfermedad, vida después de la muerte e incluso el misterio de Dios.” (Simpson 2005: 100)

Cuando compartimos los relatos sexuales, decimos a nuestro oyente: “He estado allí. No soy mejor que tú, ¡y somos mejores de lo que piensas! ¡Tu energía sexual y su expresión erótica en el pensamiento, la palabra y la acción, son dones de Dios! Al arriesgarnos a describir las formas en que el sexo nos permite representar a Dios en este mundo, la comunidad GLTTB deshace las perversiones eclesiológicas, estimula una hermenéutica de participación, y permite al Espíritu que sople donde quiera. Llamo a esto “política de voyeurismo santo”, por medio de la cual reclamamos el género de Hechos para un futuro “queer”.

En otro lugar, he descrito cómo cada uno de nosotros está llamado a ser, en las palabras de Meister Eckhart “otros Cristos” (Bohache 2003: 21-3). Estamos “cristianados”, ungidos, como lo fue Jesús, para llevar buenas nuevas, liberar a los cautivos y proclamar un Año de Jubileo del Señor (Ringe 1985). De la misma manera, llevamos el Espíritu divino, simplemente en virtud de ser seres humanos: no solo se sopló sobre nosotros el Espíritu de Dios en el momento del nacimiento, sino que sopla entre nosotros y nos llama a la Cristiandad. Este Espíritu abre las puertas y ventanas de par en par, nos saca toda negatividad, hacer desaparecer toda exclusión y dice: “¡Vengan, estamos esperando por ustedes!” Cada uno/una de nosotros/as lleva dones espirituales únicos (1Cor.12), sin los cuales la Iglesia no puede sobrevivir. En un esfuerzo para controlar y restringir las instituciones como el matrimonio, el sacerdocio y el episcopado, las iglesias pueden construir paredes, cerrar puertas y ventanas, pero el Espíritu siempre continúa soplando, tirando abajo las paredes y abriendo puertas y ventanas, hasta que todas sus partes estén reunidas y el mundo se convierta en la morada incondicional de “shalom”. Es por esta razón que los Hechos de los Apóstoles, como el comienzo de la historia Cristiana, debe transformarse en “nuestra” historia.

Montevideo, Pentecostés 2010.-
Traducido por MCP

Diversidad Cristiana una comunidad abierta a la sociedad.-

En la tarde el viernes 21 de mayo nuestra comunidad participó de dos actividades sociales muy significativas.

- El Centro de Estudios de Género y Diversidad Sexual nos invitó a participar del Videoforo Año 3 donde proyectaron "ANDER" en el marco de la lucha mundial contra la homofobia. "Una película de origen vasco, de 2009 ganadora de festivales internacionales y que aún no se ha estrenado en España. Está hablada en vasco y no está traducida al español por expresa solicitud de su director, (subtitulada en español), aborda la diversidad sexual a la luz de otras dimensiones como son la raza, la extranjería, el ámbito rural" (tomado de la invitación recibida). De esta actividad participaron tres integrantes de nuestra comunidad.

- La Asociación de Minorías Sexuales del Uruguay (AMISEU) nos invitó a la inauguración de su nueva sede donde se desarrollarán actividades dirigidas a personas que viven con VIH y sus personas de referencia, familiares y/o amistades. Sin lugar a dudas, una actividad de las más relevantes es el hospedaje a pesonas que llegan de otras ciudades del interior del país para realizarse tratamientos en Montevideo. De esta actividad participaron dos integrantes de nuestra comunidad.

«Como mi Padre me envió, así también yo los envío a ustedes» (Jn. 20,20 - Socíedades Biblicas Unidas, Biblia en Lenguaje Sencillo.

 

sábado, 22 de mayo de 2010

Reflexiones en el domingo de Pentecostés.

Comunidad diversa, misionera e inclusora.



“Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, llegó Jesús y, puesto en medio, les dijo: —¡Paz a vosotros! Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. Entonces Jesús les dijo otra vez: —¡Paz a vosotros! Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y al decir esto, sopló y les dijo: —Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados, y a quienes se los retengáis, les serán retenidos” (Versión Biblia Reina Valera 1965 – Jn. 20,19-23).


La comunidad de discípulas y discípulos de Jesús dejó de lamentarse por la ausencia del Maestro que había sido ejecutado. En los encuentros cotidianos, donde ponían en común sus dones, leían y comentaban las Escrituras, y compartían la Mesa, reconocieron que el Espíritu del Maestro Resucitado les acompañaba. El enriquecía la comunidad con la diversidad de dones. Y aquella comunidad de hombres y mujeres con temor, se transformó en un movimiento misionero, que como levadura en la masa, comenzó a crecer y extenderse por todo el imperio romano.

A esta pequeña comunidad comenzaron a agregarse personas de pueblos diversos y culturas diversas. Descubrieron que el Reino, al que Jesús comparaba con un Abrazo y una Fiesta, era para toda la Humanidad. El Espíritu desafió a aquel grupo de personas provenientes de Galilea y Jerusaén, a aceptar las prácticas culturales de los otros pueblos, porque la novedad del Reino estaba revelándose también allí, porque Dios trasciende la historia, los pueblos, las culturas, las creencias …

Cada Pentecostés pone a las comunidades cristianas nuevamente en estado de misión.

Nuestra comunidad, Diversidad Cristiana, siente la presencia y la fuerza de aquel mismo Espíritu que impulsó a la primera comunidad, a ponerse en diálogo con las sociedades y las culturas de su tiempo, revisando sus creencias y sus prácticas.

Queremos:

- diálogar con la diversidad social y cultural de nuestro contexto.

- que todas las personas tengan un lugar de dignidad en este mundo, que caigan las barreras de la discriminación y la exclusión. Entendemos que todas las personas somos portadoras del Espíritu –soplo divino- y por lo tanto dignas, únicas e irrepetibles.

- ser parte del movimiento transformador, liberador e inclusivo que es guiado por el Espíritu a través de la historia.

Por eso abrimos nuestra comunidad a todas las personas, pero especialmente a las personas GLTTB y les decimos:

- pueden participar de la Mesa de Jesús,

- pueden sellar sus uniones con el matrimonio cristiano,

- pueden, las personas trans, rectificar su bautismo anterior y recibir el nombre que ellas elijan,

- pueden participar de la diversidad de dones y ministerios con que el Espíritu enriquece a nuestra comunidad.

Tenemos pleno convencimiento que hoy el Espíritu nos confía esta misión.

Pentecostés, 2010.

jueves, 20 de mayo de 2010

Divesidad Cristiana ahora en boletín electrónico.

El Espíritu del Resucitado continúa obrando en nuestra comunidad. Luego de un tiempo de intercambios y trabajo en equipo, donde se volcaron los dones personales y comunitarios, concretamos una nueva iniciativa: el boletín electrónico que en breve estaremos difundiéndo.

Aspiramos a fortalecer los vínculos con personas, comunidades y organizaciones y el boletín electrónico es una herramienta más puesta al servicio de este objetivo.

Montevideo, 20 de mayo de 2010.-

miércoles, 19 de mayo de 2010

Invocación al Espíritu Santo.-


Ven Espíritu Creador e infunde en nosotros la fuerza y el aliento de Jesús. Sin tu impulso y tu gracia, no acertaremos a creer en él; no nos atreveremos a seguir sus pasos; la Iglesia no se renovará; nuestra esperanza se apagará. ¡Ven y contágianos el aliento vital de Jesús!

Ven Espíritu Santo y recuérdanos las palabras buenas que decía Jesús. Sin tu luz y tu testimonio sobre él, iremos olvidando el rostro bueno de Dios; el Evangelio se convertirá en letra muerta; la Iglesia no podrá anunciar ninguna noticia buena. ¡Ven y enséñanos a escuchar sólo a Jesús!

Ven Espíritu de la Verdad y haznos caminar en la verdad de Jesús. Sin tu luz y tu guía, nunca nos liberaremos de nuestros errores y mentiras; nada nuevo y verdadero nacerá entre nosotros; seremos como ciegos que pretenden guiar a otros ciegos. ¡Ven y conviértenos en discípulos y testigos de Jesús!

Ven Espíritu del Padre y enséñanos a gritar a Dios "Abba" como lo hacía Jesús. Sin tu calor y tu alegría, viviremos como huérfanos que han perdido a su Padre; invocaremos a Dios con los labios, pero no con el corazón; nuestras plegarias serán palabras vacías. ¡Ven y enséñanos a orar con las palabras y el corazón de Jesús!

Ven Espíritu Bueno y conviértenos al proyecto del "reino de Dios" inaugurado por Jesús. Sin tu fuerza renovadora, nadie convertirá nuestro corazón cansado; no tendremos audacia para construir un mundo más humano, según los deseos de Dios; en tu Iglesia los últimos nunca serán los primeros; y nosotros seguiremos adormecidos en nuestra religión burguesa. ¡Ven y haznos colaboradores del proyecto de Jesús!

Ven Espíritu de Amor y enséñanos a amarnos unos a otros con el amor con que Jesús amaba. Sin tu presencia viva entre nosotros, la comunión de la Iglesia se resquebrajará; la jerarquía y el pueblo se irán distanciando siempre más; crecerán las divisiones, se apagará el diálogo y aumentará la intolerancia. ¡Ven y aviva en nuestro corazón y nuestras manos el amor fraterno que nos hace parecernos a Jesús!

Ven Espíritu Liberador y recuérdanos que para ser libres nos liberó Cristo y no para dejarnos oprimir de nuevo por la esclavitud. Sin tu fuerza y tu verdad, nuestro seguimiento gozoso a Jesús se convertirá en moral de esclavos; no conoceremos el amor que da vida, sino nuestros egoísmos que la matan; se apagará en nosotros la libertad que hace crecer a los hijos e hijas de Dios y seremos, una y otra vez, víctimas de miedos, cobardías y fanatismos. ¡Ven Espíritu Santo y contágianos la libertad de Jesús!


José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde en la Iglesia la invocación al Espíritu. Pásalo. 23 de mayo de 2010
Pentecostés (C)
Juan 14, 15-16.23b-26

lunes, 17 de mayo de 2010

Celebración del 16 de mayo.-



En la celebración del séptimo domingo de Pascua, nuestra comunidad dedicó un tiempo para recordar a todas las víctimas de la homofobia, en el marco de las acciones internacionales en torno al 17 de mayo. Para ello cada participante encendió una vela.



También nos visitó Mons. Juan Carlos Urquhart de Barros, Arzobispo de Argentina y Chile, de la Iglesia Católica Antigua. Con quien compartimos nuestra reflexión comunitaria en torno a la misión de nuestra comunidad en el contexto actual.

Diversidad Cristiana celebra Pentecostés y te invita a participar.


Celebración Ecuménica de PENTECOSTÉS .

Damos gracias por la diversidad de formas con que el Espítiru enriquece la Humanidad.



Pasá la noticia … y confirmá participación.


Luego de la celebración compartiremos una merienda comunitaria.

Domingo 23 de mayo, hora 17.00, en Lima 1621 (a cuadra y media de Fernández Crespo). Montevideo.-

DIVERSIDAD CRISTIANA: una comunidad ecuménica e inclusiva, comprometida con el Evangelio de Jesús, que es buena noticia para las personas discriminadas y excluidas.

Correo Electrónico diversidadcristiana@gmail.com

Celulares ++598 95 343218 ++ 598 98 623208 ++598 99 069585 ++598 99 858482

domingo, 16 de mayo de 2010

17 de Mayo: Día Mundial de lucha contra la Homofobia.

Una lectura histórico crítica de la Biblia nos permite afirmar que:

- Las enseñanzas de Jesús recibidas a través de los Evangelios nada dicen en contra de las personas GLTTB ni de las prácticas sexuales con personas del mismo sexo: el Jesús histórico no condenó a las personas GLTTB ni sus prácticas sexuales.

- Las enseñanzas que nos traen los escritos evangélicos sobre los “delitos sexuales” no se refieren a las personas GLTTB ni a las prácticas sexuales con personas del mismo sexo (Lc. 7,36-50; Jn. 8,1-11), sino a personas heterosexuales y prácticas heterosexuales abusivas y por lo tanto injustas: el Jesús histórico condenó la injusticia, la discriminación y la exclusión.

- En la literatura paulina es donde encontramos, aparentemente, condenas tanto a las prácticas homoeróticas como lesboeróticas. Pero Pablo nada dice en Rom. 1,26-27 sobre el amor o las relaciones sexuales realizadas con libertad y respeto entre personas adultas del mismo sexo; estas condenas son producto de lecturas fundamentalistas, patriarcales y homofóbicas de la carta a las comunidades cristianas de Roma: Pablo condenó el culto idolátrico donde se ejercía la prostitución sagrada y seguramente, por el contexto socio cutural romano, las prácticas sexuales con personas menores de edad.

La lectura a crítica y fundamentalista del texto bíblico, conduce a posturas homofóbicas que culpabilizan, discriminan y excluyen. Éstas no tienen su fundamento en el Evangelio de Jesús, sino en una lectura pre científica y descontextualizada de textos, básicamente del Antiguo Testamento, que son sacados del contextos socio cultural en que se produjeron, para justificar posicionamientos que son contrarios al mensaje liberador e inclusivo de Jesús de Nazaret.

Desde Diversidad Cristina, rechazamos todo acción producto de la homofobia y expresamos nuestra solidaridad con todas las personas GLTTB que se sienten culpabilizadas, vulnerados sus derechos y dignidad y discriminadas, y les decimos con plena seguridad: Jesús no discrimina y la Bibia no condena.

Montevideo, 17 de mayo de 2010.
Julio Vallarino.

La carta a los Efesios desde una lectura queer.-

EFESIOS / Robert E. Goss


La Carta a los Efesios presenta un número de desafíos. En primer lugar, hay consenso general en que Colosenses y Efesios no fueron escritas por la mano de Pablo y datan de un poco después de su muerte, hacia el final del siglo I. Es una obra seudónima, escrita en nombre de Pablo. Parece ser que el autor es un judío helenístico cristianizado, quizás una minoría en una comunidad compuesta de gentiles y judíos cristianos. Las expresiones “tú una vez caminaste…” (2,2) y “nosotros también una vez vivimos en pasiones de acuerdo con la carne…” (2,3) hacen pensar en una perspectiva judía cristiana. El autor es probablemente de una iglesia paulina o fuertemente influida por él, y proporciona una interpretación comprensiva y sostenida de las enseñanzas de Pablo, más que Colosenses.

El manuscrito griego más antiguo de Efesios dice: “A los santos y fieles en Cristo Jesús” (1.1) Parece que posteriormente algún copista decidió localizar la Epístola, y agregó “en Éfeso” a “los santos”. En segundo lugar, la Epístola está escrita en un estilo diferente a las de Pablo, y además no aborda ningún problema social o comunitario en especial. La Epístola original fue probablemente enviada a un número de congregaciones en Asia Menor, porque su texto se dirige a una audiencia más amplia que una iglesia local y comparte con Colosenses un gran interés en la salvación universal, como una realidad presente. Efesios toma la forma de oraciones litúrgicas, himnos y exhortaciones, como un sermón.

Desde el punto de vista temático, la primera mitad de la Epístola considera a la Iglesia como una nueva comunidad, donde judíos y gentiles comparten igualmente las bendiciones de Dios, mientras la segunda mitad apela a la unidad de la Iglesia, a través de reglas cotidianas (5,21-6,9) y una Cristología que apoya una familia patriarcal y una iglesia patriarcal. Estas reglas están incorporadas en la Epístola. Hay otro grupo de reglas en Colosenses 3,18 – 4,1 y 1 Pedro 2,13 – 3,12. Estas son deberes patriarcales que se dirigen a maridos y esposas, hijos y padres, así como esclavos y amos.

Hacia el final del siglo I DC, muchas iglesias debían encontrar adaptación pacífica al imperio Romano, hasta el regreso de Cristo. Tomó forma una nueva visión del Cristianismo, abandonando el elemento radical del mensaje de Jesús, de cambiar el mundo y la traducción pauliana de este mensaje. Los primeros predicadores itinerantes como Pablo, destacaron que todos los cristianos estaban en pie de igualdad a través del bautismo (Gal. 3.28) y llamaron a la represión sexual o el ascetismo. Los cristianos fueron acusados de inadecuaciones sociales por sus adversarios culturales, ya que perturbaban el orden patriarcal greco-romano con su visión igualitaria de las relaciones familiares. Como la casa patriarcal era un microcosmos para el estado, los arreglos de igualdad entre marido y mujer, hijos y padre, esclavos y amos eran mirados como subversivos para el estado romano.

Escribe Elisabeth Schüssler: “La familia patriarcal era el núcleo del estado. La conversión de los miembros subordinados de la casa, que se suponía compartían la religión del paterfamilias, constituían una amenaza revolucionaria.” (Schüssler Fiorenza, 1983 2002:264).

Más aún, el gobierno patriarcal de la familia definía la masculinidad, y el imperio Romano estaba basado en la afirmación fuerte de la masculinidad claramente definida, en el paterfamilias y su fuerza y poder dentro de la casa.

Dice Jennifer Glancy: “Presidir la casa requería que las mujeres, niños y esclavos manifestaran apropiada sumisión, así como las otras virtudes que prometían el buen orden individual y social”. (Glancy 2003:265)

Estos códigos familiares en Colosenses y Efesios son de segunda y tercera generación, en cuanto se refiere al Cristianismo. En general, estos cristianos dejaron de creer que el fin era inminente, y comenzaron a crear reglas para funcionar en la familia. Estos códigos patriarcales, adoptados por varios escritores de Epístolas Cristianas en Asia Menor, trataban de probar que los cristianos eran socialmente respetables y libres de las impropiedades sociales en cuanto a la clara definición de los roles y jerarquías caseras. En el capítulo sobre Colosenses, Tom Bohache considera, correctamente, que la Espístola es una pieza de propaganda patriarcal de segunda generación. Bohache toma una hermenéutica de abordaje sospechoso para definir su carácter patriarcal, como propio de una exclusiva dominación masculina en la iglesia, como se revela en Colosenses. Efesios cae en el mismo tipo de propaganda patriarcal, y algunas lecturas textuales de los códigos familiares, hechas por cristianos fundamentalistas, propagan un Cristianismo violento y agresivo, al afirmar el control patriarcal sobre sus esposas, y la Iglesia Romana, al prohibir el ministerio a las mujeres. ¿Puede la Epístola dirigirse a las comunidades cristianas “queer”, que no tienen esa toxicidad patriarcal?¿O ella debería ser sacada del canon, como una nota no afortunada en la historia cristiana?

Personalmente, me gusta la primera mitad de la Epístola a los efesios, donde el autor usa la Cristología para proporcionar una reconciliación social, teológica y litúrgica entre cristianos gentiles y judíos. Emplea una alta Cristología con el propósito de la inclusión cristiana, aunque no habla de la relación entre cristianos y no-cristianos. Es a esta parte de la Epístola a la que recurro, para una lectura “queer”, para poner el texto del revés y leerlo como un texto que nos da un mensaje que podría ser significativo para los cristianos “queer” del siglo XXI.

Así, las comunidades cristianas “queer” no deberían evitar este texto y sus dificultades patriarcales, sino leerlo como una advertencia: cuando la visión igualitaria del movimiento de Jesús se desvanece y el deseo de acomodarse a la cultura romana se transforma en una estrategia y un objetivo. ¿Hay algo que podamos aprender en el siglo XXI?


El contexto social de los Efesios.

Hacia fines del siglo I, el mensaje de Jesús sobre el Reino de Dios se transformó en un estado espiritual, accesible a través de ritos y códigos familiares. Hay un número de fragmentos de versículos que indican un origen de prácticas litúrgicas de los cristianos. Incluyen himnos, oraciones de acción de gracias y alusiones al bautismo y experiencias visionarias. Desde estos fragmentos litúrgicos, el autor refleja una Cristología emergente que percibe a Cristo como una figura cósmica, que es uno con Dios Padre, Salvador universal y cabeza de la Iglesia.

Para muchos cristianos de segunda y tercera generación, el imperio Romano no era ya considerado como enemigo. Con los emperadores Flavianos y sus reformas administrativas, el imperio Romano se consideraba desde una luz positiva. Horsley y Silberman escribe acerca del cambio de visión sobre el imperio: “…tan distinta fue la aceptación eventual del imperio, que la imagen de Cristo se transformó lentamente desde un rey alternativo a un emperador modelo, que presidía un gobierno en el cielo y mostraba como ejemplo cómo las cosas deberían ser en la tierra. Una nueva generación de líderes cristianos aceptaron y creativamente adaptaron los elementos principales del medio imperial dominante a sus propios fines espirituales. (Horsley y Silberman 1997:225).

La noción de rey universal se convirtió en la metáfora dominante para el Cristo cósmico cuya regla traería paz y unidad. Es la Pax Christi, que se convierte en paralela a la Pax Romana. Cristo trae reconciliación, unidad, amor y paz sin la fuerza del poder y las armas militares. Es la gracia de Dios en la muerte de Jesús, que provoca la creación espiritual de la Iglesia.

Efesios habla a una situación encontrada en Hechos y l Pedro, donde las comunidades estaban formadas por mayoría de gentiles y una minoría de judíos titubeantes (MacDonald 2000:19). El mal del término “gentil” está descripto en términos fuertes (2,1-3 y 4,17-5,20; 6,10-20) y Margaret MacDonald afirma que la iglesia en Efesios es una comunidad introvertida “que desarrolla un sentido muy fuerte de separación del mundo exterior”. La Iglesia se ocupa de la identidad comunitaria en el mundo, los límites sociales con los gentiles y dar la batalla al mal del mundo. Morar en Cristo permite a los creyentes escapar, en parte, del mundo social a un mundo espiritual gobernado por Cristo; sin embargo, sus casas están integradas en el mundo greco-romano del Asia Menor. Hay simultáneamente una fuerte ansiedad, en cuanto a cómo los cristianos se ajustan al mundo cultural del imperio Romano cerca del siglo I DC. John Elliott delinea el contexto social en el Asia Menor para la comunidad de 1 Pedro: “Era la época en que la expansión del movimiento Cristiano en Asia Menor y su visibilidad creciente como una entidad socio-religiosa distinta estaba siendo contemplada con sospecha, miedo y ansiedad. Extendido a través de todas las provincias al norte de Taurus, la secta había atraído tanto al sector rural como a los elementos urbanos de la población, antiguos judíos así como un número predominante de paganos. Viviendo en el margen de la vida política y social, estos “paroikoi”, “residentes foráneos” sin duda habían visto en este nuevo movimiento de salvación, una nueva oportunidad para la aceptación social y la mejor en sus economías. Como venían de los estratos ya sospechosos de extranjeros, residentes foráneos, y clases inferiores, sin embargo, estos seguidores de Cristo solo ganaron más desdén por la religión exótica que abrazaran. Esporádicos movimientos locales de depredación y abusos habían llevado a los sufrimientos de estos cristianos aquí, como en otras partes del mundo. (Elliott 198l: 83-4).

Los cristianos eran percibidos como ateos, sin Dios, por su rechazo a participar en el culto del estado (la adoración del emperador) y de subvertir el tejido social del imperio romano por corrupción familiar. Ellos subvertían las reglas patriarcales en su conversión al Cristianismo y no continuaban fieles adherentes a la religión del jefe de la familia. Los cristianos predicaban la igualdad de todos los creyentes ante Dios a través del bautismo. El Cristianismo predicaba la igualdad entre judíos y gentiles, hombres y mujeres, esclavos y amos, en sus ritos bautismales y su proclamación de un evangelio inclusivo de gracia. La visión de Jesús promovida por Pablo, predicaba un mensaje de renunciación sexual.


La Paz de Cristo: Paz y Unidad entre Gentiles y Judíos Cristianos.

La tensión entre los creyentes judíos y los gentiles persistió a través del siglo I, y MacDonald especula que 2,11-22 se dirige a una comunidad entonces dominada por gentiles y una minoría de judíos (MacDonald 2000:19). Puede reflejar la situación social de muchas comunidades cristianas en Asia Menor, hacia el final del primer siglo.

El etnocentrismo aliancista del Judaísmo era ocasión de otredad en los gentiles, pues ellos no tenían la marca de la Alianza: la circuncisión. A través de ella, la masculinidad judía era auto-definida. El autor habla de los gentiles sobre y contra la comunidad y les adjudica poderes del mundo y de entes inferiores. Toma el lenguaje de la angelología y la demonología para describir la relación y la distancia social entre la comunidad de la Alianza y los gentiles, pues Cristo “es nuestra paz; en su carne ha hecho de ambos grupos uno solo y ha roto la pared divisoria, o sea, la hostilidad entre nosotros” (2,14). La muerte de Cristo ha puesto fin a la hostilidad entre los gentiles y los cristianos judíos, y los gentiles son ciudadanos con los santos y los miembros de la casa de Dios (2,19).

El autor utiliza las nociones primeras de Pablo sobre la igualdad en Cristo, pues la muerte de Jesús ha removido las barreras entre judíos y gentiles, haciendo de ellos una comunidad unificada. La ley judía, que distinguía y dividía a los judíos de los gentiles, fue transformada en irrelevante por la cruz, y Cristo así reconcilió ambos grupos entre sí y con Dios (2,14-16). De acuerdo con Efesios, la existencia humana está amenazada por la influencia malévola de los seres demoníacos. Cristo nos ha dado poder sobre ellos, y a través de la gracia de Dios, los seres humanos pueden liberarse de sus influencias inmorales y engañosas. La nueva vida de los creyentes es una vida de conocimiento y poder espiritual, y así, se da el recurrente contraste entre la vida vieja y la vida nueva (2, 1-6; 11-13; 19, 4-22 – 4; 5-8).

En un momento en que las iglesias Cristianas excluyen a personas y se dedican públicamente a prácticas agresivas y violentas, el autor de Efesios comprende que el evangelio es un mensaje de paz e inclusión. El legado de Jesús a su comunidad, es no-violencia e inclusión. Esto me habla profundamente de un ministerio “queer” para grupos marginados por la Cristiandad; gente del cuero, transgénero, travestis, gay y lesbianas, familias constituidas por ellos y ellas y otras configuraciones que no entran fácilmente en la sociedad. Yo visualizo y he trabajado para crear una comunidad tan diversa que refleje el Evangelio de Jesús, de paz y la realización de cada uno signifique la imagen de un Cristo resucitado. Él ha muerto para ser individualmente reflejado en la infinita diversidad de las personas, y el Evangelio no homogeiniza sino que une toda esa no-conformidad y diversidad en la visión del Cristo cósmico. Esta puede no haber sido la intención total del autor de Efesios, pero siempre hay un “surplus” de significación en el texto, que el autor no ha pretendido dar conscientemente. El amor no violento de Cristo permite una práctica de inclusión radical, enraizada en una paz a través de la muerte de Jesús el Cristo.

¿Pueden las iglesias “queer” convertirse en inclusoras, tanto como para incluir cristianos heterosexuales? Desde mi propio ministerio, apoyado en el Evangelio de paz e inclusión radical, afirmaría yo tal posición para las iglesias “queer”, que se abrieran y se transformaran en genuinamente “queer”, siendo totalmente inclusoras. Esto está más allá de lo que hacen algunas iglesias comunes, que acogen a personas “queer”, pero no bendicen sus uniones ni ordenan abiertamente a candidatos “queer”. El autor afirma: “En él la estructura total se une y crece hasta ser un templo santo en el Señor, en quien tú también estás construido espiritualmente en un lugar de morada para Dios (2,21).


Integrarse en la sociedad ¿a qué costo?

Más que abogar por una completa renovación de las relaciones familiares basadas en la vida, el perdón y la sumisión mutua, sin embargo, la Cristología del autor se utiliza para justificar teológicamente la estructura y las obligaciones de la antigua familia patriarcal greco-latina (5,22-6,9) Parece que las comunidades cristianas al final del siglo I (y el autor de Efesios, en particular) adoptaron los códigos familiares del mundo greco-romano, sea como una estrategia de supervivencia o al menos como estrategia defensiva contra sus críticos de fuera (Tanzer 1994; 330). La igualdad y unidad de judíos y gentiles cristianos en Cristo es calificada por estos códigos familiares. Estos códigos instruyen a los cristianos “para llevar una vida digna de aquello para lo que fueron llamados” (4,3).

La comunidad entera se percibe como una familia, y los creyentes son los hijos de Dios (5,1-8, 1-15). En 5,22 y siguientes, los grupos subordinados (esposas, hijos y esclavos) están destacados en primer lugar, mientras el grupo dominante (esposos, padres y amos) están colocados en la posición superior: “Estén sujetos unos a otros por respeto a Cristo (5,23). Este es un consejo preliminar a una familia cristiana. El autor de Efesios adapta las reglas de la familia a la iglesia, para las parejas, familias, esclavos y amos cristianos, pero modifica (5,21-23) “reemplazando la jerarquía y dominación patriarcal con el mandamiento cristiano del amor, para ser vivido de acuerdo con el ejemplo de Cristo” (Schüsler Fiorenza 1983:2002). A los esposos se les ordena amar a sus esposas por tres veces (5,25,28,33) mientras que se instruye a las esposas para que se sometan a sus esposos.

El autor presenta una plataforma de “valores familiares tradicionales” greco-romanos, que atraerían a los greco-romanos de fines del siglo I. Los valores familiares en 5,22-33 llaman a los creyentes cristianos a cumplir e ir más allá de los códigos familiares en su conducta ética. Peter Brown ha escrito cómo Efesios abandonó el tono helado de la renunciación sexual de 1 Corintios, pero centró las relaciones maritales dentro de la sociedad y el universo. La imagen de Cristo y la Iglesia “proporcionó a los cristianos una imagen de orden inquebrantable que el mundo pagano podría comprender. En la iglesia, como en la sociedad, el acuerdo en una pareja casada se hacía para soportar el peso abrumador de expresar la armonía ideal de una sociedad entera (Brown 1988: 57).

Mientras el autor habla de los apóstoles, evangelistas, profetas, pastores y maestros (4,12) curiosamente ni pide a la comunidad que se subordine a los líderes en una jerarquía patriarcal, ni afirma que los líderes representan a Dios. Ellos están exentos de las reglas jerárquicas de la familia.

Lo que es relevante en Efesios es la trayectoria de las comunidades paulinas, incultadas en el imperio Romano. En lugar de construir nociones emancipadoras de las mujeres en el mundo greco-romano o primeras nociones del discipulado de iguales, el autor de Efesios elige códigos patriarcales y restricciones para las mujeres. Este es un claro paso a desarrollarse en la patriarcalización de la Cristiandad en el siglo II, en que una jerarquía clerical masculina comienza a reemplazar la primera igualdad comunal de género.

El autor combina la noción paulina de novia/novio (2 Cor. 11,2) con los códigos familiares y una ética del amor. La relación Cristo - Iglesia se transforma en el modelo para la relación esposo-esposa. Se utiliza la Cristología para reforzar la sumisión de las esposas a sus esposos. El “encabezamiento” de Cristo se asemeja al liderazgo patriarcal del emperador Romano sobre la familia del imperio. Esta metáfora de Cristo “cabeza” es un modelo opresivo que ha sido tradicionalmente usado para exaltar el liderazgo de una casta clerical masculina, sobre los laicos no-ordenados y la dominación masculina sobre la mujer en el matrimonio. Aunque el ejemplo del sacrificio de Cristo y su amor incondicional por la Iglesia se convierte en el modelo, nunca ha tenido una fuerte interpretación en la Cristiandad. La erudita feminista Elisabeth Schüsler Fiotenza evalúa el código familiar cristiano: “En general, sin embargo, el autor no es capaz de cristianizar este código. El “evangelio de paz” había transformado la relación entre gentiles y judíos, pero no el papel social de esposas, hijos y esclavos dentro de la familia de Dios. Por el contrario, las estructuras culturales de dominación de la sociedad se han teologizado y por tanto reforzado” (Schüsler Fiorenza 1983 (2002:270).

Durante 900 años, la Iglesia patriarcal ha leído este pasaje para destacar el orden jerárquico de esposos sobre esposas y le ha dado justificación teológica. Creo que ignoró el potencial radical del modelo del amor de Cristo por la Iglesia. Una lectura “queer” puede reabrir el potencial del amor de Cristo por la iglesia y destruir el modelo de la dominación patriarcal.


El Cristo “Queer” y el Cuerpo de Cristo.

Virginia Mollenkott anota que Efesios pinta colectivamente a todos los creyentes como la novia de Cristo (Ef. 5, 25-27) y miembros del cuerpo de Cristo (5,30). Escribe: “Si se asume que el cuerpo de Cristo es masculino, entonces las mujeres, al ponerse a Cristo como si fuera una vestimenta, están retratadas como ellos/ellas andróginos/as o travestidos/as. Y si el cuerpo de Cristo se asume como un cuerpo masculino (como las estructuras de poder de muchas iglesias todavía parecen hacer) y la iglesia se asume como femenina (como en algunas, los números de los bancos parecen mostrar) entonces la iglesia misma es un él/ella entidad trasgénero. Más todavía, como los hombres en Efesios son llamados “novias de Cristo” – y por extensión todos los hombres cristianos son llamados así – entonces, el Nuevo Testamento ha usado el imaginario de un matrimonio del mismo sexo en el cual un varón Cristo se casa no solo con mujeres cristianas, sino con millones de hombres – novias (Mollenkott 2001: 110).

Mollenkott destaca lo obvio, pero las jerarquías cristianas han cegado a los lectores, reconociendo la naturaleza trasgénero de la Iglesia como la novia de Cristo o como el cuerpo de Cristo. Ella concluye: “este género bíblico debería entusiasmar a aquellos que toman en serio la Escritura, para volverse menos rígidos en cuanto a las identidades de género, roles y presentaciones” (Mollenkott 2001: 112). En un aspecto similar, la teóloga lesbiana Elizabeth Stuart anota cómo ella se estremecía cuando Efesios 5,21-23 era leído en bodas heterosexuales y cómo un artículo del teólogo Gerard Loughlin ha transformado su reacción a este pasaje de trágico en cómico. Escribe Loughlin: “Las lecturas heteropatriarcales de este texto…se ahogan en las aguas más profundas del simbólico cristiano, pues desde que las mujeres son miembros del cuerpo, ellas también son llamadas a ser Cristo para los demás; de modo que ellas también deben actuar como “novio” y “esposo” para la “novia” y “esposa” del otro, ya sea un hombre o una mujer. Porque no se puede decir que dentro de la comunidad solo los hombres son llamados a amar como Cristo lo hace…(Stuart 2000: 32).

Stuart se toma en serio las imágenes “queer” de un Cristo trasgénero; un hombre con un cuerpo femenino y la Iglesia representada como un cuerpo de mujer con una cabeza de hombre (Stuart 2000: 32; 2003: 111) Mollekott y Stuart han tomado y destacado las entrelíneas de Efesios 5,21-30 tan fácilmente ignorados durante siglos por las lecturas patriarcales. Lo que tenemos es un texto que puede ser usado para justificar los matrimonios del mismo sexo y trasgénero. Se espera que las mujeres actúen como Cristo, a través del rito del bautismo, pues se identifican como novios y esposos que aman a sus esposas. Los hombres deben actuar como Cristo y amar a trasgéneros mujer a hombre esposos/novios. La solidez de las identidades del género cristiano se licúa en primer lugar a través del rito sacramental del bautismo, en que el creyente refleja y vive a Cristo. La parodia de una lectura “queer” realmente saca a luz la intención plena del texto Efesios 5,21-30. La Cristología realiza su último potencial “queer” en un Cristo trasgénero – lleno de identidades fluidas. (Goss 2001:170-182) Con tal lectura “queer” la exhortación a amar a tu esposa como Cristo ama a la Iglesia, puede cristianizar la familia exitosamente.


Familias “Queer”

Estas familias son totalmente diversas (Goss y Strongheart 1997), desde relaciones del mismo sexo (parejas), familias extendidas, relaciones polimórficas, relaciones comunitarias, a familias amo/esclavo. Ciertamente, las reglas para matrimonios se han limitado a parejas, matrimonios heterosexuales, hasta hace muy poco. Una lectura “queer” del texto, permite la fluidez de género. Si la imagen de la novia como “santa y sin mancha” (5,27) se refiere al rito bautismal como muchos eruditos creen, encontramos una confusión de imágenes. El bautismo, desde los primeros tiempos de Pablo, fue comprendido como la identificación con el Cristo resucitado, por muchos hombres y mujeres diversos. Pablo afirmó rotundamente: “Ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí” (Gál. 2,20) De la misma manera, el cuerpo de Cristo o la Iglesia es una entidad corporativa, que consiste en innumerable cantidad de hombre, mujeres, individuos intersexuales y trasgénero, bautizados, que tienen a Cristo viviendo en ellos. Con la composición fluida en cuanto a género del cuerpo de Cristo, la novia y el novio se transforman a través de metáforas “queer”, con increíble elasticidad y fluidez de género. La variedad de hombre y mujeres que reflejan a Cristo y al cuerpo de Cristo, permite configuraciones “queer” de las relaciones: maritales del mismo sexo, poliamorosas, y comunitarias.

Mark Jordan ha notado cómo el miedo al exceso agápico ha limitado la teología de las relaciones maritales, y cómo la relación “queer” puede impactar en esta teología cristiana: “Las relaciones “queer”, como se presume que son “abiertas”, destruyen el matrimonio cristiano en este sentido, como destruyen las ficciones acerca de lo que se ha logrado. El principal resultado teológico del matrimonio cristiano, se supone que soluciona la antigua enemistad entre Eros y Ágape, concediendo un título restringido a Eros, dentro del campo universal de Ágape: Puedes ejercitar a Eros, siempre que lo hagas con el mínimo de otras personas – es decir, una. Aumentar este número mínimo, lanza este arreglo a la duda”. (Jordan 2005: 166).

El deseo “queer” y las relaciones desordenan la prolijidad del matrimonio patriarcal cristiano.

El matrimonio ha sido una institución patriarcal – una relación de los dos géneros, jerárquicamente ordenada por las iglesias y reconocida legalmente. Con el advenimiento de las uniones y matrimonios civiles del mismo sexo, ha habido una “corrida” de muchas personas “queer”, a luchar por un matrimonio con igualdad de derechos. La comunidad de Efesios trató de adaptarse a la sociedad greco-romano, adoptando los códigos familiares patriarcales. Incluso la tentativa del autor para cristianizar los códigos familiares con el modelo del amor de Cristo por la Iglesia, justificación patriarcal para la Iglesia y la jerarquía del matrimonio, se convirtió en normativa por siglos, hasta hace poco. ¿Hay aquí una advertencia para la comunidad cristiana “queer”? ¿Podemos adaptar el modelo de matrimonio y retener la mutualidad, igualdad, flexibilidad y beneficios legales y privilegios para el matrimonio, sin sacrificar nuestras creencias creativas acerca de las relaciones, las familias y las relaciones íntimas? ¿Podemos admitir y apoyar otro estilo de relaciones, tal como nuestra lectura “queer” de Efesios parece afirmar?

THE QUEER BIBLE COMMENTARY
Traducción : MCP.
Diversidad Cristiana. 

sábado, 15 de mayo de 2010

Reflexiones en el 7° Domingo de Pascua.-

 

Comienza el tiempo de la Iglesia.


“El primer libro lo escribí, Teófilo, sobre todo lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue llevado al cielo. A estos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca de lo referente al Reino de Dios. Mientras estaba comiendo con ellos, les mandó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardasen la Promesa del Padre, «que oísteis de mí: Que Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días». Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?» El les contestó: «A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.» Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos. Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo.» (Versión Biblia de Jerusalén: Hch. 1,1-11).

La comunidad discipular tuvo que enfrentar la realidad. Jesús ya no podía ser visto, ni oído, ni tocado; ya no caminaría más junto a ella, ni comería en su compañía. El Maestro lo había advertido. Ahora únicamente le quedaba su recuerdo. Un recuerdo lleno de palabras y gestos.

Las palabras y gestos de Jesús, vivos en la memoria comunitaria, la transformaron en comunidad enviada. La dimensión misionera es la nueva característica de la comunidad de discípulas y discípulos de Jesús.

El envío es amplio e inclusivo. Desaparecen todas las diferencias entre los pueblos y las personas. La comunidad discipular es enviada a Judea, Samaría y las zonas más remotas del mundo conocido.

Estas zonas geográficas representan lugares socio culturales específicos: Judea representa al pueblo israelita, depositario de las promesas divinas, poseedor de la Alianza, a quien pertenece el Templo y accede a él a través de normas de pureza ritual. Samaría representa a grupos y personas discriminadas, a grupos y personas excluidas de la Alianza, a quienes no pueden acceder al Templo por ser consideradas personas impuras. Los confines de la tierra representan la diversidad humana en su más amplia expresión: étnica, religiosa, cultural, económica, social, sexual, política.

Las comunidades cristianas del siglo XXI tenemos el enorme desafío de actualizar los tres lugares teológicos que Lucas nos plantea en Hechos: Judea (las personas y grupos incluidos), Samaría (las personas y grupos discriminados y excluidos), los confines de la tierra (la diversidad humana en su mayor expresión), para que nadie quede fuera del mensaje liberador e inclusivo de Jesús de Nazaret.

Ascención de Jesús al cielo.-

¿Qué significa que Cristo subió a los cielos?

Leonardo Boff


El cielo no es un lugar al que vamos sino una situación en la que seremos transformados si vivimos en el amor y en la gracia de Dios. El cielo de las estrellas y de los viajes espaciales de los astronautas y el cielo de nuestra fe no son idénticos. Por eso cuando rezamos el Credo un domingo tras otro y decimos que Cristo subió a los cielos no queremos decir que El, anticipándose a la ciencia moderna, emprendiera un viaje sideral. En el cielo de la fe no existe el tiempo, la dirección, la distancia ni el espacio. Eso vale para nuestro cielo espacial. El cielo de la fe es Dios mismo de quien las Escrituras dicen: "Habita en una luz inaccesible" (1 Tim 6,16).

Del mismo modo, la subida de Cristo al cielo no es igual a la subida de nuestros cohetes; éstos se trasladan constantemente de un espacio a otro, se encuentran constantemente dentro del tiempo y nunca pueden salir de estas coordenadas por más lejanos que viajen por espacios indefinidos. La subida de Cristo al cielo es también un pasar, pero del tiempo a la eternidad, de lo visible a lo invisible. de la inminencia a la transcendencia, de la opacidad del mundo a la luz divina, de los seres humanos a Dios.

Con su ascensión al cielo Cristo fue por consiguiente entronizado en la esfera divina; penetró en un mundo que escapa a nuestras posibilidades. Nadie sube hasta allí si no ha sido elevado por Dios (cfr. Lc 24,51; Hch 1,9). El vive ahora con Dios, en la absoluta perfección, presencia, ubicuidad, amor, gloria, luz, felicidad, una vez alcanzada la meta que toda la creación está llamada a lograr. Cuando proclamamos que Cristo subió al cielo pensamos en todo eso.

¿Qué decir entonces de la narración de san Lucas al final de su evangelio (24,50-53) y al comienzo de los Hechos de los Apóstoles (1,9-11) donde cuenta con algunos detalles la subida de Cristo a los cielos hasta que una nube lo oculto de los ojos de los espectadores? Si la ascensión de Cristo no significa una subida física al cielo estelar, ¿por qué entonces San Lucas la describió así? ¿Qué pretendía decir? Para dar respuesta a esto tenemos que comprender una serie de datos acerca del estilo y género literario de la literatura antigua.

La ascensión, ¿fue visible o invisible?

En primer lugar constatemos el hecho de que es Lucas el único que narra el acontecimiento de la ascensión en términos de una ocultación palpable y de un desaparecer visible de Cristo en el cielo, cuarenta días después de la Resurrección. Marcos sólo dice: «El Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios» (16, 19). Sabemos que el final de Marcos (16, 9-20) es un añadido posterior y que este fragmento depende del relato de Lucas. Mateo no conoce ninguna escena de ocultamiento de Jesús; termina así su evangelio: «Jesús les dijo: se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra... Yo estaré con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos» (28, 18-20). Para San Mateo, Jesús ya ascendió al cielo al resucitar. El que dice «todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra» ya ha sido investido de ese poder; ya está a la derecha de Dios en los cielos. Para San Juan la muerte de Jesús significó ya su pasar al Padre (Jn 3, 13): «Dejo el mundo y voy al Padre» (16,28). Cuando dice: «Recibid el Espíritu Santo», según la teología de Juan eso significa que Jesús ya está en el cielo y envía desde allá su Espíritu (Jn 7, 39; 16, 7). Para Pablo la resurrección significaba siempre elevación en poder junto a Dios (Rom 1,3-4; Flp 2, 9-11). Pedro habla también de Jesucristo «que subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios» (1 Pe 3, 22). 1 Tim 3, 16 habla de su exaltación a la gloria.

En todos estos pasajes la ascensión no es un acontecimiento visible para los apóstoles, sino invisible y en conexión inmediata con la resurrección. Esta perspectiva que contemplaba conjuntamente resurrección y ascensión se mantuvo, a pesar del relato de Lucas, hasta el siglo IV, como atestiguan los Padres como Tertuliano, Hipólito, Eusebio, Atanasio, Ambrosio, Jerónimo y otros. San Jerónimo, por ejemplo, predicaba: «el domingo es el día de la resurrección, el día de los cristianos, nuestro día. Por eso se llama el día del Señor, porque en este día Nuestro Señor subió, victorioso, al Padre» (Corpus Christianorum, 78,550).

De igual manera la liturgia celebró hasta el siglo V como fiesta única la pascua y la ascensión. Sólo a partir de entonces, con la historificación del relato lucano, se desmembró la fiesta de la ascensión en cuanto fiesta propia.

El sentido de la ascensión era el mismo que el de la resurrección: Jesús no fue revivificado ni volvió al modelo de vida humana que poseía antes de morir. Fue entronizado en Dios y constituido Señor del mundo y juez universal, viviendo la vida divina en la plenitud de su humanidad.

Y aquí se impone la pregunta: si la ascensión no es ningún hecho narrable sino una afirmación acerca del nuevo modelo de vivir de Jesús junto a Dios, ¿porqué Lucas la transformó en una narración? Finalmente, ¿estaba él interesado en comunicar sobre todo hechos históricos externos? ¿o es que a través de semejante narración nos quiere transmitir una comprensión más profunda de Jesús y de la continuidad de su obra en la tierra? Creemos que esta última pregunta ha de transformarse en una respuesta.

La ascensión, esquema literario.

Veamos en primer lugar los textos. Al final de su evangelio nos cuenta: «Condujo a los discípulos cerca de Betania y alzando las manos, los bendijo. Y sucedió que mientras los bendecía se separó de ellos y era elevado al cielo. Y ellos, después de postrarse ante él volvieron a Jerusalén con gran alegría y estaban continuamente en el templo bendiciendo a Dios» (24, 50-53).

En los Hechos se nos cuenta: «Y dicho esto, se elevó mientras ellos miraban y una nube lo ocultó a sus ojos. Y según estaban con los ojos fijos en el cielo mientras él partía, he aquí que se presentaron ante ellos dos varones con vestiduras blancas que les dijeron: Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este Jesús elevado de entre vosotros al cielo volverá tal como lo habéis visto ir al cielo» (1,9-11).

En estos dos relatos se trata realmente de una escena de ascensión visible y de ocultamiento. Escenas de ocultamiento y de ascensión no eran desconocidas en el mundo antiguo greco-romano y judío. Era una forma narrativa de la época para realzar el fin glorioso de un gran hombre. Se describe una escena con espectadores; el personaje famoso dirige sus últimas palabras al pueblo, a sus amigos o discípulos; en ese momento es arrebatado al cielo. La ascensión se describe en términos de nubes y oscuridad para caracterizar su numinosidad y transcendencia.

Así, por ejemplo, Tito Livio en su obra histórica sobre Rómulo, primer rey de Roma, narra lo siguiente: Cierto día Rómulo organizó una asamblea popular junto a los muros de la ciudad para arengar al ejército. De repente irrumpe una fuerte tempestad. El rey se ve envuelto en una densa nube. Cuando la nube se disipa, Rómulo ya no se encontraba sobre la tierra; había sido arrebatado al cielo. El pueblo al principio quedó perplejo; después comenzó a venerar a Rómulo como nuevo dios y como padre de la ciudad de Roma («Livius», I,16). Otras ascensiones se narraban en la antigüedad, tales como las de Heracles, Empédocles, Alejandro Magno y Apolonio de Tiana. Todas siguen el mismo esquema arriba expuesto.

El Antiguo Testamento cuenta el arrebato de Elías descrito por su discípulo Eliseo (2 Re 2, 1-18) y hace una breve referencia a la ascensión de Henoc (Gen 5, 24). Es interesante observar cómo el libro eslavo de Henoc, escrito judío del siglo primero después de Cristo, describe la «ascensio Henoch»: «Después de haber hablado Henoc al pueblo, envió Dios una fuerte oscuridad sobre la tierra que envolvió a todos los hombres que estaban con Henoc. Y vinieron los ángeles y tomaron a Henoc y lo llevaron hasta lo más alto de los cielos. Dios lo recibió y lo colocó ante su rostro para siempre. Desapareció la oscuridad de la tierra y se hizo la luz. El pueblo asistió a todo pero no entendió cómo había sido arrebatado Henoc al cielo. Alabaron a Dios y volvieron a casa los que tales cosas habían presenciado» (Lohfink, G., «Die Himmelfahrt Jesu», 11-12).

Los paralelos entre la narración de Lucas y las demás narraciones saltan a la vista. No cabe duda de que el paso de Jesús del tiempo a la eternidad, de los hombres a Dios, está descrito según una historia de ocultamiento, forma literaria conocida y común en la antigüedad. No que Lucas haya imitado una historia de ocultamiento anterior a él. Hizo uso de un esquema y de un modelo narrativo que estaban a su disposición en aquel tiempo.

Nosotros hacemos lo mismo cuando en la catequesis empleamos el sicodrama, el teatro o aun el género novelístico para comunicar una verdad revelada y cristiana a nuestros oyentes de hoy. Al hacerlo nos movemos dentro de un esquema propio de cada género sin que con ello perdamos o deformemos la verdad cristiana que pretendemos comunicar o testimoniar. La Biblia está llena de recursos como éste. Nos alargaríamos si quisiéramos presentar más ejemplos. Existe una amplia literatura científica y de divulgación referente a este asunto.

Como conclusión podemos mantener que la verdad dogmática de que «Cristo subió al cielo» (1 Pe 3,22) o que «fue exaltado a la gloria» (1 Tim 3, 16) fue historificada muy probablemente por el mismo Lucas.

¿Qué quiso decir Lucas con la ascensión?

Por qué historificó Lucas la verdad de la glorificación de Jesucristo junto a Dios? Analizando su evangelio descubrimos en él no sólo un gran teólogo sino también un escritor refinado que sabe crear la «punta» en una narración y sabe cómo comenzar y concluir de forma perfecta un libro. En ese sentido se entienden las dos narraciones de la ascensión, una al concluir el evangelio y otra abriendo los Hechos de los Apóstoles.

En cuanto conclusión del evangelio cobra una gran fuerza de expresión porque utiliza un género que se prestaba exactamente para exaltar el fin glorioso de un gran personaje. Jesús era mucho mayor que todos ellos pues era el mismo Hijo de Dios que retornaba al lugar del que había venido, el cielo. A eso le añade motivos más que destacan quién era Jesús: en el Evangelio lucano Jesús nunca había bendecido a los discípulos; ahora lo hace; nunca había sido adorado por ellos y ahora es adorado por vez primera. Queda así claro que con su subida al cielo la historia de Jesús alcanzó su plena perfección; con la ascensión los discípulos comprenden la dimensión y profundidad del acontecimiento.

Pero, ¿por qué se relata la ascensión dos veces y con formas diversas? En los Hechos, además de los motivos literarios presentes en el evangelio lucano, entran también motivos teológicos. Sabemos que la comunidad primitiva esperaba para pronto la venida del Cristo glorioso y el fin del mundo. En la liturgia recitaban con frecuencia la oración «Marana tha», ¡Ven Señor! Pero el fin no llegaba. Cuando Lucas escribió su evangelio y los Hechos, la comunidad y principalmente Lucas, se dan cuenta de ese retraso de la Parusía. Muchos fieles ya habían muerto y Pablo había extendido la misión Mediterráneo adelante. Esto exigía una aclaración teológica: ¿Por qué no ha llegado el fin? Lucas intenta dar una respuesta a esa cuestión angustiosa y frustradora.

Ya en su evangelio reelabora los pasajes que hablaban muy directamente de la próxima venida del Señor. Así, cuando el Jesús de Marcos dice ante el Sanedrín: «Veréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Poder y venir sobre las nubes del cielo» (14,62), Lucas hace decir a Jesús únicamente: «Desde ahora, el Hijo del Hombre estará a la derecha del poder de Dios» (22,69).

Para Lucas la venida de Cristo y el fin del mundo ya no son inminentes, aprendió la lección de la historia y ve en ello el designio de Dios. El tiempo que ahora se inaugura es el tiempo de la misión, de la Iglesia y de la historia de la Iglesia. Esa constatación, Lucas la pone en el frontispicio de los Hechos y se contiene igualmente en la narración de la ascensión de Jesús al cielo. Cristo no viene como esperaban; se va. Volverá otra vez un día, pero al fin de los tiempos.

Tal como dice acertadamente el exegeta católico Gerhard Lohfink, al que seguimos en toda esta exposición: «El tema de Hch 1, 6-11 (la ascensión) es el problema de la parusía. Lucas intenta decir a sus lectores: el hecho de que Jesús haya resucitado no significa que la historia haya llegado a su fin y que la venida de Jesús en gloria sea inminente. Por el contrario, la pascua significa exactamente que Dios crea un espacio y un tiempo para que la Iglesia se desarrolle, partiendo de Jerusalén, Judea y Samaría, hasta los confines de la tierra. Por eso es erróneo quedarse ahí parado y mirar para el cielo. Sólo quien dé testimonio de Jesús ha entendido correctamente la pascua. Jesús vendrá. ¿Cuándo? Eso es asunto reservado a Dios. La tarea de los discípulos está en constituirse ahora en el mundo en cuanto Iglesia» (53-54). En otras palabras eso es lo que Lucas intentó con el relato de la ascensión en los Hechos.

Comparando las dos narraciones, la del evangelio con la de los Hechos, se perciben notables diferencias. Las nubes y los ángeles del relato de Hechos no aparecen en el evangelio. En éste, Jesús se despide con una bendición solemne; en los Hechos ésta falta totalmente. Las palabras de despedida en el evangelio y en Hechos difieren profundamente. Esas diferencias se comprenden porque Lucas no pretendía hacer el relato de un hecho histórico. Quiso enseñar una verdad, como ya dijimos arriba, y a tal fin debían servir los diversos motivos introducidos.

La verdad del relato no está en si hubo o no bendición, en si Jesús dijo o no dijo tal frase, si aparecieron o no dos ángeles o si los apóstoles estaban o no estaban en el monte de los Olivos mirando al cielo. Quien busque este tipo de verdad no busca la verdad de la fe, sino únicamente una verdad histórica que hasta un ateo puede constatar. El que quiera saber si la historia de la ascensión de Jesús al cielo es verdadera, y eso es lo que intenta saber nuestra fe, deberá preguntar: ¿Es cierta la interpretación teológica que Lucas da de la historia después de la resurrección? ¿Es verdad que Dios ha dejado un tiempo entre la resurrección y la parusía para la misión y para la Iglesia? ¿Es cierto que la Iglesia en razón de esto no debe sólo mirar hacia el cielo sino también hacia la tierra?

Pues bien, ahora estamos en mejor situación para responder de lo que estaban los contemporáneos de Lucas, pues tenemos detrás de nosotros una historia de casi dos mil años de cristianismo. Podemos con toda seguridad y toda fe decir: Lucas tenía la verdad. Su narración sobre la ascensión de Jesús a los cielos en Hechos, además de interpretar correctamente la historia de su tiempo, era una profecía para el futuro; y se realizó y todavía se está realizando. Jesucristo penetró en aquella dimensión que ni ojo vio ni oído oyó (cfr 1 Cor 2, 9). El, que durante su vida tuvo poco éxito y murió miserablemente en la cruz, fue constituido por la resurrección en Señor del mundo y de la historia. Sólo es invisible pero no es un ausente.

Lucas lo dice en el lenguaje de la época: «se elevó mientras ellos miraban, y una nube lo ocultó a sus ojos» (Hch 1, 9). Esa nube no es un fenómeno meteorológico; es el símbolo de la presencia misteriosa de Dios. Moisés en el Sinaí experimenta la proximidad divina dentro de una nube: «Cuando Moisés subía a la montaña las nubes envolvían toda la montaña; la gloria de Yahvé bajó sobre el monte Sinaí y las nubes lo cubrieron por seis días» (Ex 25, 15). Era la proximidad de Dios. Cuando el arca de la alianza fue entronizada en el templo de Salomón se dice que «una nube llenó la casa de Yavé. Los sacerdotes no podían dedicarse al servicio a causa de la nube, pues la gloria de Yahvé llenaba toda la casa» (1 Re 8, 10). La nube por consiguiente significa que Dios o Jesús está presente, aunque de forma misteriosa. No se le puede tocar y sin embargo está ahí, a la vez revelado y velado. La Iglesia es su signo-sacramento en el mundo, los sacramentos lo hacen visible bajo la fragilidad material de algunos signos, la Palabra le permite hablar en nuestra lengua invitando a los hombres a una adhesión a su mensaje que, una vez vivido, los llevará hacia aquella dimensión en la que él existe ahora, al cielo.

Todo esto está presente en la teología de la ascensión de Jesús al cielo. Esta es la verdad del relato que Lucas, hoy todavía, nos quiere transmitir, para que «nos postremos ante él, Jesús, y volvamos a nuestra Jerusalén llenos de una gran alegría» (cfr. Lc 24, 52).

BOFF, Leonardo: "Hablemos de la otra vida". Editorial Sal Terrae 1978, págs 185-194; citado en www.servicioskoinonia.org/biblico/textos/ascension

IMPORTANTE:

Debido al paro de transporte colectivo la celebración de hoy sábado se traslada para mañana, DOMINGO 16 DE MAYO A LAS 17.00 HS.-

jueves, 13 de mayo de 2010

17 de Mayo: Día Mundial contra la Homofobia y la Transfobia.


»Ustedes sufren rechazo y opresión.

Vengan conmigo y yo les enseñaré a fortalecerse.

Escuchen mis palabras y sigan mi ejemplo,

porque yo soy pacífico y solidario.

Conmigo podrán hacer posible otro mundo,

donde todas las personas ocupen un lugar de dignidad.

Lo que yo les propongo no es difícil de realizar»

(cf. Mt. 11,28-30).



Esta fecha de memoria y resistencia, se constituye a partir de que un grupo cristiano GLTTB de Italia, llamado Kairos, conmemora a un joven, compatriota suyo, que se suicidó a consecuencia del acoso que sufría en su centro de estudios. A partir del año 2007 comenzaron a sumarse muchas comunidades cristianas, de distintas denominaciones y tradiciones, en todo el mundo.

Nuestra comunidad no permanece ajena a esta fecha que nos desafía a extremar esfuerzos de reivindicación, por las personas que son vulneradas en sus derechos humanos, a consecuencia de acciones u omisiones, producto de la homofobia, lesbofobia y/o transfobia.

Por lo tanto, este sábado 15 de mayo a las 18.00 hs. en Lima 1621 esq. Batoví, a cuadra y media de Fernández Crespo, estaremos sumándonos a esta acción mundial recordando a todas las personas GLTTB que fueron y son víctimas de la discriminación y la exclusión, producto de fobias hacia las personas gays, lesbianas, bi y trans.

Invitamos a todas las personas que deseen sumarse, a desafiar con su presencia pacífica y solidaria, las manifestaciones de odio y violencia que atentan contra ese otro mundo posible, de liberación e inclusión, que Jesús de Nazaret comenzó a construir con sus palabras y sus acciones.

Si decides acompañarnos, trae una vela.

Tengan Paz.
Comunidad Diversidad Cristiana.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Taller de Salud Sexual y Reproductiva.-

Recibimos la invitación de la Vicaría de Pastoral Social de la Iglesia Católica Apostólica Antigua para participar del Taller de capacitación sobre Salud Sexual y Reproductiva, dirigido a: equipos educativos, de salud, agentes pastorales, dirigentes sociales y barriales.

Días: Martes 18 y 25 de Mayo.

Horarios: 17.30 a 20.30

Lugar:  Casa del Abrazo “San José Gregorio Hernández” calle Bulgaria 3850 esquina Suecia (frente al cementerio del Cerro).

Organizado por la Vicaría de Pastoral Social de la Iglesia Católica Antigua y coordinado por la Ps. Marlenne Coca.

lunes, 10 de mayo de 2010

Celebración del 8 de mayo.-

Este fin de semana, volvimos a reunirnos en torno a la Palabra de Di@s para leerla y ser leídos por ella, para discernir el mensaje divino para nuestra comunidad y nuestro entorno. Luego compartimos la Mesa, donde distintas tradiciones cristianas: católica romana - protestante - armenia - episcopal - católica antigua, celebramos la Eucaristía.


Mons. Luis Acuña, de la Iglesia Episcopal Uruguaya compartíó con nuestra comunidad una reflexión en torno a las lecturas bíblicas propuestas por la liturgia para este fin de semana. Luego festejamos el cumpleaños de Julio.

sábado, 8 de mayo de 2010

Reflexiones en el 6 to domingo de Pascua.-

“Jesús le respondió: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho. Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: “Me voy y volveré a vosotros.” Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis” (Jn. 14,23-29. Versión Biblia de Jerusalén).




Jesús continúa su despedida. Se esfuerza para que sus discípulas y discípulos, recuerden su Palabra cuando El no esté, y continúen su misión. Es una comunidad pequeña, diversa y excluida.

Una comunidad pequeña. Apenas un puñado de aquellas multitudes que lo siguieron de Galilea a Jerusalén durante su actividad profética.

Una comunidad diversa. Compuesta por mujeres y hombres provenientes de distintas grupos sociales: pescadores y campesinos empobrecidos, cobradores de impuestos que sirvieron al imperio enriqueciéndose con la explotación al pueblo, prostitutas y mujeres que no se ajustaban a la norma cultural, revolucionarios armados que se levantaron contra el imperio. Caracterizada por muchas personas solteras, incluida la mayoría del núcleo apostólico, situación que tampoco se ajustaba a la norma cultural.

Una comunidad excluida. Personas discriminadas por los grupos de poder político y religioso.

Jesús conoce a esta gente y les confía continuar con su misión. Sabe que cada cual por su lado no lo logrará. Únicamente la comunidad reunida, puede encontrar la fuerza para vencer las impotencias, aprender de los dones de cada integrante para complementarse, compartir los recuerdos de las palabras y los gestos de Jesús para continuar la misión.

¡Cuánta similitud entre esa comunidad y la nuestra!

Jesús ya no está entre nosotros y nosotras. Nuestra comunidad es pequeña, diversa y ha vivido la exclusión. Muchas veces amenazada por la inseguridad y el miedo. Sin embargo, sentimos la invitación a mantener vivo el mensaje de Jesús entre aquellas personas discriminadas y excluidas, entre otras cosas, por su orientación sexual. Un mensaje que se caracteriza por ser liberador, sanador e inclusivo.

Con debilidades y fortalezas, personales y comunitarias, emprendimos el camino del discipulado. Queremos construir una comunidad abierta a la diversidad humana en todas sus expresiones: cultural, sexual, política, religiosa… Personal y comunitariamente queremos compartir con todas las personas la paz que nos comunica Jesús.